Los druidas celtas celebraban el 31 de octubre el Samhein, la fiesta de final del verano y de las cosechas y de entrada al frío invierno. Se creía que esa noche el dios de la muerte hacía regresar a los difuntos para comunicarse con los vivos: sus espíritus salían de los cementerios y se apoderaban del incauto que encontraran para resucitar. Se evitaba ensuciando las casas y asustándolos con huesos, calaveras y demás cosas terroríficas.

La fiesta de los muertos se transformó con los romanos en la noche de difuntos o Vigilia de Todos los Santos, “All Hallow’s Even”, hoy “Halloween”. Y es que el emperador Diocleciano “hizo” tantos santos con sus persecuciones que se tuvieron que juntar en una conmemoración única a todos los santos, a partir del siglo IV. Hoy se acude días antes a los cementerios para limpiarlos y adornarlos con flores, y se oficia misa en las iglesias para acortar la estancia en el purgatorio de todos los santos y nuestros seres queridos.
A los muertos, almendras
Desde entonces, La Noche de Difuntos o Todos los Santos se celebra con almendras, ya que coincide con la época de recolección. Que el vínculo emocional con nuestros seres queridos no nos quite el apetito.
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Ahora bien, si ustedes están decididos de viajar a España, puedo recomendarles que se alojen en alguno de los hoteles de la cadena Silken, donde la relación precio-calidad de servicios realmente va acorde a las circunstancias pero contrariamente a lo que se piensa, los precios no son demasiado elevados. Además de brindarnos el máximo confort, sus hoteles generalmente están ubicados en puntos claves de las ciudades, facilitándonos así los accesos hacia diversos puntos de cada lugar.








