Es común que a la hora de planificar un viaje, se pida referencias a gente de confianza sobre posibles destinos: sus atractivos turísticos, su gente, su costo de vida, las dificultades del trayecto, precios de vuelos baratos, etc. Obviamente que un amigo o vecino no sabrá mucho, así sea este un incansable viajero.
Digamos, que se nos ocurre viajar a un lugar tan aparatado como Holanda, donde ninguno de tus amigos conoce siquiera el nombre de su capital. Entonces, no tendríamos a quién pedir referencias al respecto, acudiríamos a enciclopedias y atlas con fotos que nos den un aire de adónde nos dirigimos, pero mayormente esa información no sirve como una guía viajera sino como una ilustración de esa zona geográfica, así que la información que puede recavarse de esas consultas será muy poco útil para nuestro cometido.
¿Nos privaremos de viajar por no tener referencias confiables? Como todo viajero, aventurero como pocos, eso no sucederá, pero siempre es importante no viajar en la más absoluta ignorancia sobre nuestro destino. Se requiere de tales referencias para hacer provechoso el viaje, y estas se encuentran en un portal web que se convertirá en el favorito de mochileros y constantes viajeros desde su primera visita y eventual utilización, se trata de Zoomandgo (no, no es africano sino que es el resultado de juntar las palabras del inglés zoom-and-go), cuya dirección es www.zoomandgo.com. A no olvidar.
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Yo fui educado en una familia muy conservadora, en donde el salir de casa era considerado una blasfemia o algo peor, uno debía solicitar permiso con muchas semanas de anticipación para poder escaparse a divertirse con los amigos del barrio o incluso del colegio.
Alex, Fernando y yo, somos tres amigos de toda la vida. Hemos estado juntos desde que tengo uso de razón. En la primaria recuerdo que solíamos jugar pelota todos los días en los momentos de receso, también comienzo a recordar que la profesora nos llamaba la atención por llegar sudando al aula de clases y en algunos casos, con malos olores –siempre mirábamos a Fernando-. Aún así, todo el salón nos apreciaba mucho ya que cuando sucedía algo malo en el salón, éramos los primeros en plantear las soluciones a los problemas encontrados.
Desde que era pequeño, siempre me interesé en el poder conocer otras ciudades del mundo entero, poder comunicar con otras personas en sus propios idiomas, aprender nuevos conocimientos de todas las culturas a las cuales estaría llegando. Ver nuevos rostros, observar los 


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